"No nos dejan traer nuestras cosas al trabajo", es la denuncia de muchos trabajadores respecto de las políticas internas de la firma que los emplea. En algunos casos es una política justificable bajo algunos criterios de seguridad (bancos, centros de salud, departamentos de policía...), en muchas otras circunstancias, en cambio, se trata de una política francamente absurda. No permitir que uno lleve a la oficina alimentos o aparatos de comunicación o entretenamiento puede que tenga cierta lógica, pero no necesariamente esa lógica debiera ser extrictamente prohibitiva.
Aunado a lo anterior ha surgido recientemente una nueva variante de presión laboral, algunas firmas que permiten a sus empleados la introducción de artículo personales (bolsas de mano, teléfonos, reproductores de música...) no se hacen responsables por el extravío, robo o desaparición de dichos objetos. Y curiosamente los robos de este tipo se han incrementado. Si un trabajador pierde un objeto personal, la gerencia ni siquiera contribuye a buscar el objeto, es más: no se manifiesta en solidaridad con el empleado ni le concede tiempo para que realice sus pesquisas o bien acuda formalmente a denunciar el robo.
Esto no estaría mal si no se tratara de objetos que, en ocasiones, ayudan al empleado a realizar su trabajo, por ejemplo sé de un par de amigos a los que les robaron en la oficina la laptop, no la laptop que en teoría la firma debía haberles proporcionado para realizar su trabajo, no: la computadora que compraron y llevaron a la oficina para ayudarse a ser más eficientes laboralmente. Las máquinas desaparecieron y la firma no metió las manos. Otros ejemplos más descarados involucran a los servicios de vigilancia, seguridad y prevención del delito, en su mayoría agencias de particulares subcontratadas para brindar tales servicios: A una amiga le robaron la caja de herramientas del auto cuando el auto estaba estacionado en el cajón que le ofrecía la compañía. Desde luego los gerentes de la firma no permitieron ninguna investigación.
En muchos casos se suele culpar al personal de intendencia: es eventual, no desarrolla vínculos afectivos con el resto de los empelados, puede guardar ciertos resentimientos de clase... Pero en algunas oficinas los robos suceden en entornos de alta gerencia donde el trabajador está rodeado de ejecutivos y personal bien pagado y contento. Tengo una amiga secretaria a la que le robaron su teléfono celular en una junta de socios juniors de la firma. Jamás nadie le ayudó a recuperar su aparato.
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